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Educa a tu hijo según su forma de ser

28.06.2019

  • Educación
Es verdad eso que dicen que las mamás tenemos que ser un poco psicólogas. Es importante que nos pongamos en el lugar de nuestro hijo, pues nuestra manera de tratarlo y reaccionar reforzará sus conductas
Más de una vez hemos escuchado a alguna mamá decir: "Este sí me salió tranquilito", "Él es más callado que su hermano" y diversas frases como estas ... Y quienes tenemos más de un hijo lo sabemos bien. Aunque se pueden parecer mucho físicamente, hay algo en lo que definitivamente no se parecen: el temperamento.

El temperamento de cada niño está influido por los genes de sus padres, pero también por diversos factores: el entorno en el que crece, sus vivencias, etc. Todo va influyendo y formando su carácter. ¡Es un tema realmente fascinante!

Por eso, dicen que las mamás tenemos que ser un poco psicólogas. Es importante ponernos en el lugar de nuestro hijo, pues nuestra manera de tratarlo y reaccionar reforzará sus conductas.

Te cuento que hace unos años, la doctora Stella Chess, profesora de psiquiatría infantil en el centro médico de la Universidad de Nueva York, estudió junto con su esposo Alexander Thomas, el "temperamento biológico natural", para comprobar si la propia naturaleza del niño reacciona con el ambiente para producir la personalidad.

Una de las conclusiones principales de la investigación fue que la biología heredada (temperamento, naturaleza, constitución y rasgos innatos) son el factor más importante de la personalidad. La Dra. Chess comprobó que la naturaleza básica del niño, vista a partir de su nacimiento, dicta, a menudo, su conducta, y que si no se toma en cuenta el temperamento del niño, el maestro, el psicólogo y hasta los padres, pueden cometer equivocación en su crianza".

Para realizar este estudio siguieron la evolución de 136 niños desde su nacimiento hasta su edad adulta y concluyeron que existen nueve aspectos del modo de ser que son innatos: el nivel de actividad (excitabilidad e irritabilidad), la regularidad en los ritmos biológicos (dormir, comer, hacer sus necesidades, etc.), las reacciones ante nuevas situaciones, la adaptabilidad a los cambios, la capacidad de respuesta (mayor o menor intensidad), la susceptibilidad a los estímulos (luz, ruidos,etc.), el humor (alegre, sombrío, etc.), la capacidad de distracción y la persistencia en la consecución de un objetivo.

Estos nueve aspectos se combinan de modos diferentes y dan lugar a cuatro categorías de temperamentos que te los explico a continuación:

El niño activo
Es impaciente, curioso, intenso. No puede estar quieto. Sus reacciones son fuertes y sabe lo que quiere.
A los 2 años es más torbellino que otros niños de esta edad. El niño activo puede manifestar una disposición fácil o combativa (aunque su característica principal es la necesidad de acción continua)

Trátalo así:
- Controla que duerma lo suficiente.
- Cuando esté nervioso, ponle música tranquila o dale un baño caliente.
- No le exijas que esté sentado o quieto mucho rato.
- En casa, crea un espacio amplio para que juegue.
- Procura que se divierta al aire libre, todos los días.
- A medida que crezca sigue vigilándolo, por su seguridad. A veces, puede volverse imprudente. 
La frase clave para él es: "Enséñame hasta dónde puedes trepar o correr, pero no pases de aquí".

El niño de adaptación lenta
De bebé es reservado y vergonzoso. No le gustan los cambios bruscos. Antes de participar en una situación nueva necesita observarla
Alrededor de los 2 años, este niño suele ser menos activo que otros de su edad y siguen gustándole las rutinas previsibles. A veces se le cataloga como "tímido", pero no es del todo cierto. Simplemente, necesita más tiempo para adaptarse.

Trátalo así:
- Ten mucha paciencia con él. Deja que haga las cosas a su ritmo.
- No le fuerces a estar en brazos de un desconocido: dale tiempo para habituarse.
- Planea los grandes cambios de uno en uno y prepáralo para afrontarlos. 
- Acompáñalo a enfrentarse a las situaciones nuevas.
- Avísale los pequeños cambios que vendrán: "En un ratito más nos vamos", "mañana vendrá tu tía de visita"...
La frase clave para él es: "Vamos a ver qué hacen estos niños, por si quieres unirte a ellos". Así, le demuestras tu paciencia sin sobreprotegerle.

El niño fácil
Es alegre y poco exigente. 
Establece pronto una rutina y acepta con entusiasmo situaciones o personas nuevas.
Sus emociones y reacciones son moderadas, cuando se queja lo hace de forma tranquila.
Se conforma fácilmente.
Al ser tan dócil y flexible, es fácil pasar por alto sus límites. También, podría tener problemas para defenderse.

Trátalo así:
- Conversa y juega mucho con él. 
- Ofrécele objetos nuevos con frecuencia para que se sienta estimulado.
- No le prestes atención solo cuando llore. Si lo haces, puedes hacerle entender que conseguirá lo que desee, quejándose.
- Nunca digas frente a él frases como "este niño no me causa ningún problema". Se sentirá presionado para cumplir tus expectativas.
- Anímalo a manifestar sus necesidades y opiniones. Así le enseñas a expresarse y defenderse.
La frase clave con él es: ¿Qué te parece?, ¿Te gusta?

El niño combativo
De bebé es sensible, irritable y testarudo, por lo que llora mucho.
Sus emociones son intensas y sus reacciones extremas.
Es irregular en sus necesidades y le cuesta establecer un ritmo. 
Se altera con los cambios, se asusta fácilmente con luces y ruidos fuertes y le molestan la ropa que pica o el calor.
Ten presente algo muy positivo, cuando estos niños crecen suelen ser personas competentes, creativas y pensadores independientes.

Trátalo así:
- Enséñale a controlar sus impulsos.
- Mantén una rutina y evita los cambios innecesarios. Los que sean necesarios, hazlos de uno en uno.
- Cuando llore, acude de inmediato y acurrúcalo junto a ti.
- Reduce los estímulos como luces, ruidos, juguetes.
- Vístelo con tejidos naturales: algodón, lino, hilo.
- Aplica con él una disciplina constante y coherente.
- Si está sobreexcitado, transmítele calma. Puedes abrazarlo y ayudarlo a desahogar sus frustración 
La frase clave con él es: "Veo que estás alterado. A ver si ayudo a calmarte".

Entender a tu hijo te ayudará mucho a educarlo. Estas categorías son solo una base. La formación del temperamento es algo más complejo y depende de varios factores. Así que no las uses para etiquetar a tu hijo, pues él está en un proceso continuo de desarrollo y es normal que no cumpla todas las características de una sola categoría y que comparta aspectos de otras.

Recuerda que tu influencia es muy importante. Háblale siempre en positivo, trata de entenderlo y nunca hables mal de él, menos delante de otras personas. Frases como "Tiene mal carácter", "Nunca se queda quieto" o "Ya no sé qué hacer con él" solo dañarán su autoestima. Estas valoraciones, además de conseguir que el niño se comporte como tal, pueden influir en la visión que tiene de sí mismo.

Es importante, también, que no lo compares con sus hermanos, eso solo dañará su autoestima y fomentará la rivalidad entre ellos. Enséñales a respetar sus diferencias desde muy pequeñitos. 

Por último, busca la categoría de temperamento en la que encajas tú. Ésta determina en parte el modo en que reaccionas con tu hijo, ya que entre ustedes existe una influencia mutua. Por ejemplo, si eres activa y a tu hijo le cuesta adaptarse a los cambios, es posible que te impacientes con él. O si él es combativo y tú tranquila, pueda llegar a alterarte. 

Recuerda que sean cuales sean los rasgos naturales de tu hijo, pueden ser modelados para que se comporte socialmente bien sin aniquilar su propia forma de ser. Eso es lo más importante en el reto de la educación.

¡Suerte!

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