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Las rabietas sí se pueden evitar

26.06.2019

  • Hijos
Si para los adultos a veces es difícil controlar el mal humor, imagina lo que es para los niños. Ellos no se portan mal a propósito, están aprendiendo.
Por eso, su temperamento debe ser entrenado para que sepan cuando está bien hacer algo, cómo utilizar toda esa energía adicional, cómo seguir reglas y todas esas cosas que lo preparan para la vida de adulto.

Felizmente, la mayoría de niños no tiene episodios de verdadero enojo muy seguido. Pero igual, las pataletas ocurren en algún momento. Hay ciertas cosas que los ayudará a mantener la calma:

Dormir lo suficiente.
El sueño es muy importante para el bienestar. Cuando los adultos están cansados, pueden estar malhumorados o tener poca energía, pero los niños se pueden volver hiperactivos o irritables, o peor aún, tener conductas extremas.

Entender qué pasa.
Es muy importante ayudar a los niños a que se acostumbren a decir qué están sintiendo y por qué. Hablar sobre "eso" puede calmar la situación, pues estarán teniendo una conversación en lugar de una discusión. 

Liberar energía.
Es importante alentarlos para que disfruten de los juegos y deportes que más les gusten. Cualquier actividad puede ayudarlos a consumir energía y a disminuir el estrés, pero el karate, la lucha libre y las carreras pueden ser especialmente buenas para los niños que están intentando controlar su temperamento. 

Tomar el control.
Como todos sabemos, seguir un consejo sensato puede ser difícil cuando las emociones son intensas. Entonces, los adultos debemos otorgarles a ellos la responsabilidad de controlarse, pero estar ahí por si necesitan que se les recuerde cómo hacerlo.

Y a los papás nos toca:

Reconocer sus logros.
Reforzar lo positivo en el niño es muy fácil. No debemos olvidarnos de comentarle a nuestro hijo lo bien que manejó una situación difícil cuando lo haya hecho.

Ser flexible.
Para los niños, escuchar "no" constantemente puede ser desalentador. Por supuesto, cuando se trata de cuidarlos y protegerlos, "no" es la única respuesta, pero en otras ocasiones, es bueno dejarlos ganar. Por ejemplo, si tu hijo quiere seguir jugando durante un poco más de tiempo, tal vez, le podrías conceder 15 minutos más.

Adelantarse a lo que viene.
Poco a poco se van identificando las situaciones que pueden frustrar al niño, así que es fácil lanzar una advertencia en el momento oportuno. Por ejemplo, debes avisarle unos minutos antes de que llegue el momento de apagar el televisor y asegurarte de que se cumpla lo que acordaron. 

La mayoría de los niños puede aprender a mejorar el manejo de su enojo y frustración. Sin embargo, si las peleas y discusiones con sus amigos, hermanos y hasta con los adultos suceden con frecuencia, es posible que necesite ayuda adicional. Habla con otros adultos que forman parte de su vida: sus maestros, consejeros escolares y entrenadores podrían ayudarlo. Por supuesto, lo ideal sería visitar a psicólogo infantil.

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